Tema 2 PRINCIPALES AFIRMACIONES DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA ACERCA DE LA SAGRADA ESCRITURA

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  1. PRINCIPALES AFIRMACIONES DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA ACERCA DE LA SAGRADA ESCRITURA
    En  el capítulo  anterior  se ha  descrito la  Sagrada  Escritura como  una  obra divina  y  humana,palabra del hombre  y palabra de Dios. Ahora  toca examinar, también de  manera general, cómose ha  afirmado esta realidad  a lo largo de  la historia, qué  puntos han sido  objeto de discusión,etc.

    Este repaso  se  podría realizar  desde diversas  perspectivas. Hacerlo  desde el  Magisterio  de laIglesia, presenta una doble ventaja: por una parte, permite limitar la  presentación a los hitos másimportantes; por otra, ofrece un conjunto de afirmaciones sobre el ser de la Escritura que puedenser,  si  se  permite  la metáfora,  un  mapa  para  el  pensamiento  teológico,  ya  que indican  lasdirecciones y señalan las fronteras que puede tener esa reflexión sobre la Sagrada Escritura.

    Antes de  comenzar este recorrido, un  juicio sumario puede  ayudarnos a   encontrar el punto devista correcto. La mayor  parte de los documentos del Magisterio  de la Iglesia sobre la Escriturapertenecen a  los últimos  150 años.  La razones  de este  hecho son  relativamente claras.  Desdemediados del siglo XIX,  los textos  de la Sagrada Escritura se empiezan a examinar por algunosdesde una  óptica únicamente  racionalista, situándolos  no en  el marco de  la revelación  divina,sino en el contexto de la historia de las religiones. A diferencia de algunas confesiones cristianas2  como,  por  ejemplo,  los  fundamentalistas2    que  rechazaron   toda  investigación  sobre  lostextos, o  de otras,  que sucumbieron al  racionalismo considerando  los textos  bíblicos como untexto religioso más, el Magisterio de la  Iglesia respondió a aquellos ataques afirmando el origendivino de  la Biblia, alentando  a la vez a  un estudio  más profundo de  los textos sagrados  y del ambiente en el  que nacieron, con el  convencimiento de ese estudio acabaría  por desenmascarar la falsa ciencia que pretendía igualar estos textos a los demás.

    Sin embargo, antes de abordar el último siglo, es lógico que nos ocupemos de los anteriores.

    1. LA FORMULA «SEGUN LAS ESCRITURAS» EN 1  CO 15,3 Y EN LOS SIMBOLOS DE NICEA Y CONSTANTINOPLA

    En los  primeros  siglos del  cristianismo no  es fácil  encontrar  una reflexión  profunda sobre  elproceso de  composición de la  Sagrada Escritura.  Con todo, se  afirma continuamente el  origendivino  de  los  escritos.  Los  términos en  los  que  lo  hacen  pueden  ser  significativos  para  la reflexión teológica.

    Jesús y los  Apóstoles. Es claro que,  en algún matiz, la  actitud de los  apóstoles ante la escrituraes ligeramente  distinta de la  de Jesús. Sin  embargo, en lo  esencial, coinciden: la  Escritura queellos reciben, los libros de  Israel, no tiene un origen meramente humano.  Las Escrituras formanparte del único designio salvador de Dios. Como este designio se realiza  en Jesucristo, se afirmaque en  Él se cumplen  las Escrituras. Las  fórmulas son diversas  –«para que se  cumplieran lasEscrituras» (Lc  24,27.44), «que se  cumplan las Escrituras»  (Mc 14,49), etc.–,  pero la idea  essiempre la misma:  Jesús, su vida y  sus acciones, forma un único  designio con las Escrituras  de Israel. La mejor expresión de esta realidad quizás sea el famoso paso de San Pablo:

    «Pues os transmití en primer lugar, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras» (1 Co 15,3-4).

    La frase es rica desde muchos puntos de vista, pero señala  con claridad la necesidad de entenderlas  Escrituras  desde  Jesús  y   a  Jesús  desde  las  Escrituras.  Es  evidente   también  que  estasexpresiones  presupones  una  concepción  del origen  divino  de  la  Escritura,  en  este  caso delAntiguo Testamento,  que se entiende  como es como  una preparación, por  parte de Dios,  de lasalvación que se  obra en Jesucristo. También  es claro que,  aparte de la afirmación,  no hay una explicación del cómo de la acción de Dios en esos libros.

    El  segundo momento  importante  es el  de  dos primeros  siglos,  con los  Padres  apostólicos yapologistas.  Además  de  la enseñanza,  la  catequesis,  que  se  hace  por  medio  de la  SagradaEscritura,  los Padres  hablan con  las  Escritura, y  de  la Escritura,  en tres  horizontes  distintos.Ante a  la lectura  de los judíos  que creen  en el origen  divino de  la Escritura,  pero que no  hancreído  en   Jesucristo,  justifican  cómo  las   Escrituras  hablan  de   Cristo;  ante  las   corrientesgnósticas  que  niegan valor  de  revelación  al  Antiguo  Testamento,  afirman que  éste  tiene  elmismo origen  divino  que el  Nuevo; finalmente,  frente a  los  paganos, hablan  de la  acción de Dios en los profetas.

    Estas tendencias de los primeros escritores cristianos se resuelven finalmente en los  símbolos dela  fe.  El  Símbolo  Apostólico,  recogiendo  la  fórmula   paulina,  confiesa  que  Jesucristo  «fueconcebido por  obra y  gracia del Espíritu  Santo, nació  de Santa María  Virgen, padeció  bajo elpoder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto  y sepultado, descendió a los infiernos y resucitóal tercer día según las  Escrituras». Es, por tanto, un eco claro de  la confesión apostólica y de lapolémica  con los  judíos. Más  tarde,  el Símbolo  Niceno-constantinopolitano añade  una  nuevaprecisión que tiene de algún modo relación  con la Escritura. En él se confiesa, entre otras cosas,que  el Espíritu  Santo  «habló por  los  profetas».  Es evidente  que  la confesión  mira  al origendivino de los escritos sagrados que vienen de una influencia del Espíritu Santo. Pero al decir quehabló por los  «profetas» es evidente  que está aludiendo al  Antiguo Testamento, y por  tanto, seenfrenta a quienes, como Marción, querían reducir la revelación al Nuevo Testamento.

    A  este respecto  hay  otra nota  que  aparece en  documentos  magisteriales de  la  época. En  losdenominados Estatutos Antiguos de la Iglesia, se dice que para  que alguien sea ordenado obispo«antes se le  debe preguntar si cree  que el autor del  nuevo y del antiguo testamento,  es decir, laley y los profetas, y los apóstoles, es uno y el  mismo Dios» (EB 30). Claramente el horizonte dela afirmación tiene enfrente a los gnósticos: lo novedoso esta vez es la expresión Dios autor.

    Podemos por tanto  concluir que, sin recoger  una gran especulación sobre el  ser de la Escritura,los primeros siglos afirman el origen divino a través de  la unidad del designio de Dios, que haceque  Jesucristo  se  entienda  según  las  Escrituras; que  Dios  se  ha  revelado  también  a  travésEspíritu Santo que  se sirve de hombres, los profetas  para hablar; finalmente, con una  expresiónmás  novedosa,  la doctrina  católica  de  estos  siglos confiesa  que  Dios  es  el  autor de  ambos testamentos.
  2. 2.  EL  CARACTER  SAGRADO  Y   CANONICO  DE  LOS  LIBROS  DEL  ANTIGUO   Y  EL  NUEVO TESTAMENTO. CONCILIO DE FLORENCIA
    Todos  estos  términos  se recogen  más  tarde  en  la  Bula  «Cantate  Domino» del  Concilio  deFlorencia, con fecha 4 de febrero de 1442. Allí se dice lo siguiente:

    «La Iglesia confiesa a un solo e idéntico Dios como   autor del Antiguo y Nuevo Testamento, esto es, de la ley y los profetas y del Evangelio, puesto que los santos de uno y otro testamento han        hablado (locuti sunt) bajo la inspiración del mismo Espíritu Santo. De ellos recibe y venera los libros que se contienen bajo los siguientes títulos…[catálogo  de  los  libros  canónicos]  .../...  Por  eso  condena  el  despropósito  de  los  maniqueos  que  (...) afirmaban que uno era el Dios del Nuevo Testamento y otro el del Antiguo» (EB 47-48; Dz-Sch 1334-1335). 

    En este texto, hay varias notas que  merecen la atención. Al tratarse de un Concilio de unión  conlos  orientales, se  recoge  el  canon de  los  libros  sagrados: el  mismo  que  después será  fijadodefinitivamente por el Concilio  de Trento. A este propósito  es importante notar que el  Conciliohabla de libros «recibidos»  y «venerados» debido a su carácter  sagrado; por tanto, el peso de  laargumentación no  recae sobre una clarificación  o una definición,  sino sobre una afirmación  delo «recibido». La condena de  los maniqueos puede sorprender en un primer momento,  pero estáfundamentada tanto  por los  orientales  con los  que se  hace el  decreto de  unión, como  por losrestos  de los  cátaros todavía  presentes  en Europa.  En  este contexto  se  entiende la  expresiónnovedosa de  Dios autor  de uno y  otro testamento, en  relación con  la inspiración del  Espíritu.Con  la  expresión  «autor»  se  alude  a   Dios  como  origen  de  la  revelación.  Respecto  de  lainspiración, la novedad  está en el punto  de vista. La profesión  de fe hablaba del  Espíritu Santo que «habló  por los profetas»,  y aquí se cambia  a la voz  pasiva: los hombres  hablaron «bajo la inspiración del mismo Espíritu Santo».

    Así pues, Florencia presenta ya  algunas formas novedosas: une en una  misma definición a Diosautor  de  la  Sagrada  Escritura  con  la  inspiración  por  parte  del  Espíritu   Santo;  además,  se relacionan  intrínsecamente inspiración  y  canonicidad de  los  libros, en  concreto,  se  define la canonicidad por su relación con la inspiración.
  3. 3. EL CANON DE LAS ESCRITURAS. CONCILIO DE TRENTO
    El siguiente  hito importante en el  Magisterio solemne de  la Iglesia lo constituyen  los Decretossobre  las Sagradas  Escrituras  emanados por  el  Concilio de  Trento el  8  de abril  de  1546. ElConcilio fue provocado por  las tesis de Lutero, por lo que,  en lo que se refiere a  la Escritura, lainspiración  está  fuera   de  la  controversia;  lo   que  aborda  el  Concilio  son   un  conjunto  decuestiones prácticas referentes a la tradición  oral, al canon de la Escritura, a la  interpretación dela Biblia y a las traducciones. Los textos más importantes dicen así:

    «El sacrosanto concilio ecuménico general de Trento, legítimamente reunido en el Espíritu Santo, (...) siempre tiene presente el deber de conservar en la Iglesia, una vez quitados de en medio los errores, la propia pureza del Evangelio  que,  prometido  —anteriormente  por  los  profetas  en  las  escrituras  santas“  (Rm  1,3  y  otros),  nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, primero anunció con su boca y después mandó que fuese predicado a toda criatura (cfr. Mt 28, 19 y otros) por sus Apóstoles como fuente de toda verdad salvífica y de toda norma moral. Y puesto que el Concilio sabe que esta verdad y normativa está contenida en los libros escritos y en las tradiciones no escritas que, recogidas por los Apóstoles de la boca del mismo Cristo, o de los mismos Apóstoles, bajo el dictado del Espíritu Santo (Spiritu Sancto dictante), entregadas como de mano en mano (cfr 2 Ts ,14), llegaron hasta nosotros, siguiendo el ejemplo de los padres ortodoxos, con igual piedad y veneración acoge y venera a todos los libros tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, puesto que el único Dios es autor de ambos, así como las mismas tradiciones tanto las que se refieren a las cosas de fe como a las costumbres, ya que las retiene como dictadas  oralmente  por  Cristo  o  por  el  Espíritu  Santo  (Spiritu  Sancto  dictante),  y  conservadas  en  la  Iglesia Católica por una sucesión no interrumpida. «Para evitar dudas acerca de los libros reconocidos por este concilio, éste ha creído oportuno añadir un elenco a este decreto (EB 57). Son los siguientes: … (EB 58)».

    Después de nombrar cada uno de los libros del canon, sigue diciendo:

    «Si alguien no admitiera como sagrados y canónicos estos mismos libros en su integridad, con todas sus partes, tal y como se han leído tradicionalmente en la Iglesia católica y se contienen en la antigua edición Vulgata latina, y despreciara a sabiendas y con pertinacia dichas tradiciones, sea anatema» (EB 60).

    Finalmente, en  la sesión  vespertina del  mismo día  se vuelve  a invocar  a  la Vulgata,  como laversión textual que  debe tenerse por auténtica  (cfr EB 61) y,  en materia de fe  y costumbres, se prohibe  interpretar la  Sagrada Escritura  en  contra de  la  interpretación que  dio  y da  la Santa Madre Iglesia (cfr EB 62).

    Estos textos son fuente para varias nociones importantes en la teología católica. En primer lugar,hay que  notar  que el  Concilio toma  como punto  de  partida el  «Evangelio» de  nuestro  SeñorJesucristo.  El  Señor  lo anunció  y  después  mandó  a  los  apóstoles que  lo  predicaran  a  todacriatura, como «fuente de  toda verdad salvífica, y de toda norma  moral», es decir, como canon.Es lógico  que a continuación se  defina el canon  (la colección) de los  libros que contienen  estecanon (norma).  En  segundo lugar  se dice  que esta  «verdad  y normativa»,  es decir  el  «canonactivo» se  contiene en libros  escritos y tradiciones no  escritas. Se dice  que hay una  acción delEspíritu  Santo (dictante)  en  la recepción  de  esas tradiciones  no  escritas, afirmando,  frente  aLutero, que la  Tradición transmite la  revelación. Es evidente también  que, aunque no  aparezcaen  los  decretos  la  palabra  inspiración,  la  realidad  que  expresa  la  palabra  sí  está  presente.Finalmente,  el  texto  se  refiere  a  la  Vulgata.  El Concilio  dice  que  el  texto  auténtico  es  el«recibido tradicionalmente en  la Iglesia católica» y que  es el que está  en la base de  la Vulgata,porque esta edición es la «aprobada por el uso de tantos siglos en la misma Iglesia» (EB 61).

    La  claridad de  las  fórmulas del  Trento  hizo  de los  textos  conciliares  una referencia  para  elpensamiento  católico.  De hecho,  no  se  volvió a  replantear  más  tarde  ninguno de  los  temas abordados por el Concilio.
  4. 4.  LA  SAGRADA  ESCRITURA  EN  EL  CONTEXTO  DE  LA  REVELACION  DIVINA. CONCILIO VATICANO I
    Si Trento es  el Concilio más  importante para la  cuestión del canon de  la Escritura, el  ConcilioVaticano I es imprescindible si  se tiene que abordar la inspiración. Es  sabido que el Concilio seinterrumpió por  la entrada  de las tropas  italianas en  los estados  Vaticanos. Por  eso, de los  18capítulos previstos  en el esquema  inicial del 18  de diciembre de  1869, sólo una  pequeña partellegó a  aprobarse: la  Constitución  Dogmática sobre  la fe  católica, Dei  Filius, lo  fue el  24 deabril  de  1870.  El  texto central  para  la  consideración  del  ser  de  la  Sagrada  Escritura es  el siguiente:

    «Esta revelación sobrenatural, según la fe de la Iglesia universal, proclamada por el santo sínodo de Trento, está contenida en los libros sagrados y en la tradición no escrita, que, recibida por los Apóstoles de la boca de Cristo o trasmitida casi de mano en mano desde los mismos Apóstoles bajo el dictado del Espíritu Santo, ha llegado hasta nosotros. Estos libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, en toda su integridad y con todas sus partes, tal y como son elencados en el decreto de ese concilio y como se encuentran en la antigua edición latina de la Vulgata, deben ser aceptados como sagrados y canónicos. La Iglesia los considera como tales no porque, compuestos por obra de un hombre hayan sido después aprobados por su autoridad, ni tampoco porque solamente      contengan la revelación sin error, sino porque escritos inspirando el Espíritu Santo tienen a Dios como autor y como tales han sido entregados a la Iglesia» (EB 77).

    Sustancialmente, la declaración  renueva las de  Florencia y Trento, aunque  completándolas conuna definición  de la  inspiración  mucho más  precisa. La  Sagrada Escritura  sigue inserta  en elmarco  de  la  revelación  divina.  Lo nuevo  es  el  contexto.  Ahora,  los  errores  no  vienen  delprotestantismo, sino del  racionalismo que niega toda  referencia sobrenatural. En el centro  de laargumentación conciliar  están la  verdad y  la autoridad.  La revelación  es verdadera  porque sefunda en  la autoridad de  Dios que revela.  En consecuencia, se  define a Dios  como autor de  la Sagrada Escritura, señalando así que la Biblia es verdadera.

    En este  mismo marco, se  entiende bien  la descripción de  la inspiración que  se ofrece  en estaslíneas. Se dice  lo que no puede  llamarse inspiración –la  mera asistencia negativa por  parte deDios, o la  aprobación subsiguiente por parte  de la Iglesia–, y  se afirma la parte positiva:  Dioses  autor   de  la   Escritura  por  una   acción  particular   del  Espíritu  Santo   que  se   denominainspiración; los  libros son  sagrados y  canónicos porque,  además de  estar inspirados,  han sidoentregados a la Iglesia.  Más adelante se volverá sobre  esta cuestión, pero el curso  de la materianos enseñará la importancia de esta definición del Concilio Vaticano I que, genéricamente,  trazalas fronteras que no puede traspasar la teología católica.
  5. 5. LAS ENCICLICAS BIBLICAS
    Entre el Concilio  Vaticano I y el Vaticano  II, la Santa Sede  emanó múltiples decretos, y,  sobretodo, tres  encíclicas bíblicas.  Una cosa llama  la atención: aunque  estos documentos  no hacíansino  aplicar  las líneas  de  lo  declarado  por el  Vaticano  I,  su  influencia  en la  teología  –enparticular las encíclicas  Providentissimus Deus, de León  XIII, y Divino Afflante  Spiritu, de PíoXII– fue más grande que la del mismo documento conciliar.

    La encíclica  Providentissimus Deus (18.11.1893)  nació como respuesta  a las amenazas  querecibía la  Biblia como  «fuente de revelación  católica». Su  origen remoto hay  que buscarlo  encierta literatura que quería ver contradicciones  entre lo afirmado en la Biblia y lo  que ponían demanifiesto los descubrimientos de las ciencias y el conocimiento histórico. Ante esos ataques,  larespuesta de  la apologética  católica –al  menos de  una parte  relevante,  que suscitó  lo que  sedenominó la  question biblique–  no había  sido muy  afortunada,  pues se  limitó a restringir  laacción de Dios en la inspiración a algunas partes del texto sagrado.

    En  esas  condiciones,   la  encíclica  aborda  diversos   aspectos  de  la  Escritura,   aunque  eldocumento ha pasado a la historia  por su enseñanza sobre la manera en que puede  entenderse laEscritura cuando  sus descripciones  aparecen en  contraste con  las conclusiones de  las cienciasfísicas, y por su definición de  la inspiración. La Iglesia, dice León XII, no tiene  ningún miedo ala  ciencia  y   a  la  investigación,  ya   que  una  buena  labor   crítica,  realizada  con  verdaderacompetencia científica, es el  primer medio para defender la fe cristiana.  Sin embargo, lo que nole es lícito  a un católico es  cambiar la fe de  la Iglesia acerca de  la Escritura, restringiendo,  porejemplo, el concepto de inspiración. Esto  explica la conocida descripción de la inspiración de la encíclica:

    «Por lo cual nada importa que el Espíritu Santo se haya servido de hombres    como de instrumentos para escribir, como si a estos escritores inspirados, ya que no el autor principal, se les pudiera haber deslizado algún error. Porque Él de tal manera los excitó y movió con su influjo sobrenatural para que escribieran, de tal manera los asistió mientras escribían, que ellos concibieron rectamente todo y sólo lo que Él quería, y lo quisieron fielmente escribir, y lo expresaron aptamente con verdad infalible; de otra manera, Él no sería el autor de toda la Escritura» (EB 125).

    Esta descripción de la inspiración fue tan eficaz que se siguió en la  mayoría de las explicacionesteológicas,  y  se impuso  hasta  en  la  catequesis.  Más adelante,  habrá  que  volver  a  ella paraanalizar diversas nociones presentes  en ella: el hagiógrafo como  instrumento, la acción de Diosen las facultades del hagiógrafo, etc. Sin embargo, sí merece la  pena detenernos en un punto.  Siatendemos  a  las  frases  del  documento, percibimos  enseguida  que  la  doctrina  no  hace  sinodesarrollar el Vaticano I. La categoría  base es la noción de Dios Autor, pero ahora se  aplica a lacomposición de un  texto literario. Sin  embargo, a diferencia del  texto conciliar, la encíclica  nomenciona la revelación y, en consecuencia, la autoría de Dios se vincula más con su acción de la inspiración que con la  revelación. Además, la inspiración se ordena directamente  a la veracidadde la Escritura. Tener presentes  estos matices nos ayudará a entender el  curso de las reflexionesen torno  a la  inspiración en  los años  siguientes, pues,  como se puede  apreciar, la  descripciónpartía de las concepciones expresadas  en el Vaticano I, pero, al  olvidar la noción de revelación,la teología posterior a Providentissimus Deus se separó de sus fundamentos conciliares.

    Con todo,  en un  juicio  sumario, se  puede afirmar  que la  encíclica de  León XIII  solucionó lacuestión de  la aparente  contradicción entre el  conocimiento de las  ciencias y  el mensaje de  laBiblia, y  propuso unas  líneas de  reflexión en torno  a la  noción de  inspiración. Desde  aquí, elsiguiente documento importante del Magisterio de la Iglesia en torno a la Sagrada Escritura es laencíclica  Spiritus Paraclitus  de  Benedicto XV,  publicada  el  15 de  septiembre  de  1920, conmotivo  del quinto  centenario de  la  muerte de  San Jerónimo.  La  falsilla del  documento  es eltrabajo exegético de San Jerónimo, pero con este motivo sale al paso de algunas interpretacionessesgadas de Providentissimus Deus. En su conjunto, ha pasado a la historia por sus precisiones alas  teorías  que  podían  relativizar  el  valor  de la  descripción  bíblica  de  los  acontecimientos históricos.

    El 30 de  septiembre de 1943,  fiesta de San Jerónimo,  Pío XII quiso conmemorar  los cincuentaaños de  Providentissimus Deus con  una nueva encíclica  bíblica, la  Divino Afflante Spiritu.  Deeste documento se  ha dicho que es la  charta magna de la exégesis  católica. Además de ser unaconmemoración de  la encíclica de  León XIII, el  documento tenía como   ocasión próxima,  unapolémica  suscitada  en  Italia.  Dolindo  Rutuolo  –un  sacerdote  italiano  que  firmaba  con  elseudónimo Dain  Cohenel– había difundido  entre las curias un  opúsculo en el  que advertía delos  peligros de  la  exégesis crítica:  esta  exégesis, decía,  con  su vana  erudición constituye  unpeligro contra las almas. La  crítica textual atenta contra la sacralidad del  texto bíblico, la críticaliteraria contra  el sentido  evidente de  toda la  tradición etc.  Sobre todo  contraponía el  sentidoliteral descubierto con la investigación al sentido espiritual del la Iglesia.

    En estas  condiciones, Divino  Afflante Spiritu expone  los beneficios  que se han  derivado de  ladoctrina  expuesta  en  Providentissimus  Deus,   precisando  al  mismo  tiempo  algunos  de   suscontenidos, para responder  a los retos de  los nuevos conocimientos.  Como frutos más excelsosde  su enseñanza,  cabe  destacar: la  necesidad  de  la crítica  textual  y del  recurso  a  los textosoriginales; el sentido  literal de los textos  bíblicos como objeto  primero de la exégesis,  y el usocorrecto del sentido espiritual en relación con el literal; la importancia del estudio de los génerosliterarios en la determinación del sentido literal; y, finalmente, la precisión  de que el hagiógrafo,al escribir el texto sagrado, es un instrumento, pero un instrumento vivo y libre.

    En 1993, al cumplirse  50 y 100 años, respectivamente, de  las encíclicas de León XII y  Pío XII,el Papa Juan Pablo II resaltó su importancia, recordando sobre todo que,

    «a pesar de la gran diversidad de dificultades que tenían que afrontar, las dos Encíclicas coinciden perfectamente en  su  nivel  más  profundo.  Ambas  rechazan  la  ruptura  entre  lo  humano  y  lo  divino,  entre  la  investigación científica y la mirada de la fe, y entre el sentido literal y el sentido espiritual. Aparecen, por tanto, plenamente en armonía con el misterio de la Encarnación» (EB )

    Éste  es el  núcleo del  Magisterio  ordinario, y  también de  la  investigación católica,  en últimosiglo. No  hay incompatibilidad  entre fe  y razón,  entre lo  que descubre  la razón  humana, o  elconocimiento científico, y  la revelación contenida  en la Sagrada Escritura.  La coherencia entre ambos  conocimientos  puede ilustrarse  a  través  del  misterio de  la  Encarnación.  Todos  estos aspectos confluyen de alguna manera en el Concilio Vaticano II.
  6. 6. ANALOGIA ENTRE LA ESCRITURA Y EL MISTERIO DEL VERBO ENCARNADO.     CONCILIO VATICANO II
    No  hay  duda  de  que,  hoy  por  hoy,  el  documento   del  Magisterio  más  importante  para  lacomprensión de  la Sagrada  Escritura es  la Constitución  Dogmática Dei  Verbum, del  ConcilioVaticano II (18.11.1965). En los años anteriores al Concilio, el problema principal en la teologíade la Biblia  era la explicación  de la inspiración de  la Sagrada Escritura. El  Concilio no abordóesa cuestión directamente, y  por eso, en el inmediato  post-concilio, más de uno afirmó  que  DeiVerbum había  añadido muy  poco a  la teología  de la  Escritura. En  realidad, Dei  Verbum  dejóresueltos  muchos  problemas  que  la teología  venía  arrastrando  desde  muchos  años  atrás:  larelación entre Escritura  y Tradición, la veracidad  de la Sagrada Escritura, la  historicidad de losevangelios,  el uso  de  la  metodología crítica  en  el  estudio de  los  textos  sagrados,  etc. Pero,además,  el Concilio  ha  dejado sentadas  las  bases para  una  teología de  la  Sagrada Escritura,bases que, como señaló en su día J. Ratzinger, en muchos casos están todavía por desarrollar.

    La teología  de la  Escritura presente  en Dei  Verbum, pero  que está  por desarrollarr,  tiene quellegar a resolver, sobre  todo, dos cuestiones: cómo la palabra  de la Escritura es palabra de  Diosen  la Iglesia,  y  qué consecuencias  tiene esto  para  su interpretación.  El  Concilio orienta  a  lasolución de estas dos cuestiones a través de su  estructura, y con unas marcas muy precisas en su concepción de la revelación y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia.

    Que  la Sagrada  Escritura  tenía que  entenderse  en  el marco  de  la revelación  era  ya doctrinaexplícita  del  Concilio Vaticano  I.  Lo  novedoso  ahora  es el  concepto  de  revelación,  que  sevincula más a  la noción de encuentro, de  comunión, que a la de  locutio, y que en consecuenciaes  algo más  dinámico que  el  mero remitir  a  unos decretos  de  Dios, como  se señalaba  en  elVaticano  I.  La  Escritura  no  puede  entenderse  ahora  como  «palabras   de  Dios»  sino  comoexpresión  de  la  Palabra  de   Dios  mostrada  en  la  revelación.  En  consecuencia,  la   SagradaEscritura  no  puede  entenderse de  modo  autorrerefencial,  sino  en  referencia  a  la  revelaciónrecibida en  la Iglesia.  En este  contexto, ya se  puede proponer  una exposición  de la  acción deDios en la composición de los libros que el Concilio expresa así:

    «La  revelación  que  la  Sagrada  Escritura  contiene  y  ofrece  ha  sido  puesta  por  escrito  bajo  la  inspiración  del Espíritu Santo. La santa madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo (Jn 20, 31; 2 Tim 3, 16; 2 Ped 1, 19-21; 3, 15-16), tienen a Dios como autor y como tales han sido confiados a la Iglesia. En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todos  sus  facultades  y  talentos;  de  este  modo,  obrando  Dios  en  ellos  y  por  ellos,  como  verdaderos  autores pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería» (Dei Verbum, n.11).

    Se suele afirmar que el  Concilio, al tratar de la inspiración de la Escritura,  propone una vuelta alas esencias. La  revelación, que no se  reduce a la Escritura,  se contiene y se  expresa en ella deuna manera propia  y única. Y esto por una  acción particular del Espíritu Santo.  Esta acción delEspíritu Santo es múltiple.   En lo que se  refiere a la escritura y composición  de los libros, Diosse sirve  de hombres  que pueden  llamarse, con  propiedad, autores  de sus  escritos, aunque  son autores inspirados.

    Si Dios es autor, y los autores inspirados lo son también, hay que concluir  que «Dios habla en laEscritura por  medio de  hombres y en  lenguaje humano»  (Dei Verbum, n.12).  Pero, como  esta explicación  con  categorías   meramente  lógicas  puede  derivar  hacia   actitudes  docetistas,  el Concilio completa la descripción con una analogía eficaz:

    «La palabra de Dios, expresada con lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres» (Dei Verbum, n. 13).

    Por  tanto,  la  colaboración  entre  Dios  y  los  autores  de  la  Sagrada  Escritura,  que  se  habíaexpresado hasta ahora  por vía de concurrencia, se  completa ahora por la vía  de la Encarnación:la  Escritura es  el resultado  de la  comunión  y encuentro  de Dios  con  los hombres,  cuyo tipo acabado es Jesucristo, el Verbo encarnado.

    La otra  dimensión presente  en  el texto  conciliar es  la acción  del Espíritu  en la  Iglesia. En  laestructura  y   en  las  frases  del   documento  se  expresa   la  acción  del   Espíritu  Santo  en  lacomposición de los libros, y de manera paralela en su comprensión. La conocida frase, «hay queleer e interpretar la  Sagrada Escritura con el mismo  Espíritu con que se escribió» (Dei  Verbum,n.  12), remite  a  la acción  del  Espíritu Santo  en  la composición  del  los libros  sagrados  –lainspiración–  que se  completa cuando  esos libros  se  leen en  la Iglesia  donde,  por virtud  delEspíritu, la Escritura  –que, como todo  escrito, no es palabra  muerta hasta que se  lee– pasa a ser palabra viva de Dios.

    Estas sugerentes orientaciones del  Concilio Vaticano II son las que se  procurarán seguir a largo de esta exposición.

Card Set Information

Author:
salem
ID:
316962
Filename:
Tema 2 PRINCIPALES AFIRMACIONES DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA ACERCA DE LA SAGRADA ESCRITURA
Updated:
2016-03-07 18:03:19
Tags:
tema2ise
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INTRODUCCION A LA SAGRADA ESCRITURA 2ND SEMESTRE 2016
Description:
second topic of the Introduction to the Sacred Scriptures
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